ISRAEL: ESTADO CRIMINAL Y DEMENTE!!! Deténgalo!!!

04 mayo, 2006

Hambrientos y bajo el shock de las bombas israelíes

Prosiguen en medio de la indiferencia internacional los bombardeos israelíes sobre zonas habitadas de Gaza


Amira Hass
Haaretz



GAZA.- ¿Dónde caerá el siguiente proyectil? Ésa es la cuestión. No si llegará, sino cuándo lo hará, sobre quién descargará y de qué clase será.

L. de cinco años de edad, cree que la solución consiste en dormir todas las noches en la cama de sus padres para quedar resguardado del bombardeo. Pero ni siquiera allí consigue conciliar el sueño a causa de la inquietud y al miedo. En el jardín de infancia situado en el patio exterior de la casa los niños hablan todo el tiempo sobre los “booms” que llenan sus jornadas. Booms desde el mar y booms desde tierra. Día y noche. A veces hasta tres por minuto, a veces tres por hora. A veces simultáneamente desde el mar y la tierra. El aire se estremece, una bandada de pájaros se lanza al vuelo presa del pánico y por espacio de un minuto reina un silencio preñado de terror. ¿Hay bajas? ¿Quién, dónde, cuántas? Aunque los padres consigan ocultar a la mirada de sus hijos fotografías de los otros niños que han resultado muertos o heridos por las bombas, los niños de más edad se explayan explicando los sangrientos detalles a partir de lo que han visto en la tele o leído en los periódicos. Así van reforzando el miedo unos a otros.

En un barrio agrícola próximo a la frontera septentrional de la Franja de Gaza, al norte de Beit Lahiyeh, los temores se hacen reales por obra y gracia de la metralla que ha caído en infinidad de ocasiones sobre los tejados de asbestos. Los padres han enviado a sus hijos a casa de parientes que viven en la ciudad de Gaza, para que puedan ir a la escuela lejos de las bombas. “En nuestro vecindario no ha muerto nadie todavía”, dice cínicamente Z. Sin embargo, las bombas se han cobrado su peaje: dos asnos, unas cuantas ovejas y un puñado de gallinas.

En el norte de la Franja de Gaza miles de familias campesinas aguardan para regresar a trabajar a sus tierras, que han sido destruidas por los bulldozers del ejército israelí durante los últimos cinco años. Inmediatamente después de la salida del ejército israelí de la Franja de Gaza, contingentes palestinos gubernamentales y no gubernamentales trabajaron conjuntamente para rehabilitar la tierra calcinada. Cavaron, araron y distribuyeran semillas y plantones. Pero a los campesinos les da miedo regresar a sus campos.

Z. pasó muchos años en la cárcel, al igual que su hermano. Otro hermano estaba en situación de búsqueda y captura hasta que finalmente lo asesinaron. Z. dice que más de una vez ha impedido a grupos armados disparar cohetes desde su área. El historial de su familia le confiere la suficiente autoridad para encararse a ellos y decirles que “ya basta de destrucción y derramamiento de sangre, no os tenemos miedo. Combatir a la ocupación con vuestros cohetes de fabricación casera no reporta ningún beneficio”.

En lugares donde residen familias grandes y fuertes, tales como Beit Hanoun, han conseguido expulsar a los lanzadores de cohetes en varias ocasiones. Ahora éstos utilizan espacios más abiertos o zonas donde las familias son menos fuertes, tales como Beit Lahiyeh.

En el curso de una reunión de alumnos celebrada hace dos semanas, se levantaron voces airadas para decir: “¡Que disparen sus cohetes desde donde están, en [el campamento de refugiados de] Sheikh Radwan!”. Pero la gente no exterioriza en su cólera en público contra los lanzadores de cohetes. “De todas formas, les disparen cohetes o no, los israelíes siempre bombardean”, es la inequívoca conclusión en Gaza. Z. dice: “Ahora no hay cohetes en nuestra área, sólo bombardeos israelíes. Yo actúo como guardián protegiendo a los israelíes e impidiendo que los grupos armados disparen cohetes aquí. A pesar de ello, las bombas siguen cayendo en nuestra área”.

En Israel hay una ley que obliga a cada soldado a lanzar una bomba por hora”, dice B. Vive en una urbanización nueva situada al norte de la Franja de Gaza donde residen muchos policías palestinos que regresaron del extranjero. Ya han caído tres bombas en su urbanización pero por milagro nadie ha muerto. En cierta ocasión una bomba cayó sobre una balaustrada de hierro, otra vez en un patio y una tercera no estalló. Están tan cerca del checkpoint Erez, en la frontera, que pueden oír cuando los israelíes disparan sus proyectiles; los oyen silbar por encima de sus cabezas, estrellarse contra la tierra y explotar. Este miércoles por la mañana fue extraño, dijo. A las nueve de la mañana aún no habían disparado ninguna bomba.

La esposa de B. dio a luz hace dos semanas y vive temporalmente con sus padres en la ciudad de Gaza, pero planea regresar a su casa hoy (viernes). “¿Adónde vamos a ir? Somos como todos los habitantes de Gaza. Si no nos bombardean por tierra o por mar nos lanzarán un misil desde un reactor o desde un avión espía. Al principio los muchachos que disparaban los cohetes entre nosotros solían moverse a nuestro alrededor. Como policía que soy tengo instrucciones de impedir que disparen. Los hemos expulsado de aquí varias veces. Pero yo también, en mi calidad de policía, me he convertido en blanco de los bombardeos. Haya o no haya cohetes, ustedes nos bombardean. Aquí todo el mundo camina aturdido, insomne por el miedo que le produce el fragor de las explosiones. Permanecemos sentados en nuestras casas, aguardando a ver quién morirá antes”.

El desastre del bombardeo próximo a su casa ha hecho que el desastre de la situación económica le parezca menos grave a B. No ha percibido su salario de policía, y tampoco lo han recibido los otros empleados del sector público y de seguridad de la Administración Palestina. Israel no transfiere el dinero que recauda de los impuestos sobre bienes importados a través de sus puertos. USA y Europa han cancelado su ayuda a la Autoridad Palestina. Los salarios de 140.000 familias de Cisjordania y de la Franja de Gaza, equivalentes a cerca de 1.000-2.000 shekels mensuales por familia, hace ya tres semanas que no se han cobrado.

Mi situación es buena. Mi sueldo no llegó al banco pero puedo comprar en la tienda a crédito”, explica B. “¿Qué pueden hacer los desempleados? Nadie les vende nada, ni siquiera a crédito”.

El padre de L. está en paro. Es ingeniero y le prometieron un nuevo empleo en uno de los proyectos de infraestructuras impulsados por el DIASU, un fondo de ayuda estadounidense. Sin embargo, en la actualidad el fondo ha cancelado sus donaciones para los proyectos que tenía previsto desarrollar a través de la Autoridad Palestina y de sus oficinas gubernamentales. Los contratistas que conoce ni siquiera responden a las ofertas que se publican en los periódicos. “Para qué”, dice uno de ellos. “No podemos asumir ningún compromiso: no sabemos cuándo llegarán las materias primas, cuándo Israel abrirá y cerrará los retenes. No podemos calcular el plazo de ejecución de una obra porque todo depende de la materia prima. No puedo comprometerme a abonar el salario de los trabajadores porque no sé cuándo podrán pagarme a mí los que me encargan el trabajo”. Hasta los tenderos están en paro: no hay clientes, no hay bienes, no tiene sentido mantenerlos o pagar por ellos con unos ingresos que no existen.

El supermercado del barrio de los maestros de Tel el-Hawa, Gaza, se cerró durante dos días y sus trabajadores fueron enviados a casa con baja forzosa. El miércoles por la tarde no había ningún comprador en el supermercado el-Kishawi del barrio de Rimal y sus estantes estaban medio vacíos. Algunos padres, inquietos, dijeron: no podremos pagar la matrícula de la universidad el mes que viene.

También las carreteras están vacías: el centro de la ciudad de Gaza ya no está bloqueado por el tráfico como solía estarlo antes. El vacío se hace sentir especialmente después de las 14:30, la hora en que escolares y empleados regresan a casa. Las carreteras están vacías porque la gente está economizando: no compran, no quieren gastar en transporte, no quieren gastar en gas. Aunque las legumbres son muy baratas, incluso los mercados están vacíos. Las legumbres no pueden comercializarse en Cisjordania y han inundado Gaza y Rafah. Incluso se ha sugerido que se distribuyan gratuitamente a través organizaciones no gubernamentales. Las carreteras están vacías, también por miedo: miedo de que un proyectil o un misil pueda explotar en cualquier momento.

No me extraña que Israel nos bombardee de esta forma”, dice H., un activista de Hamas. “Forma parte de su naturaleza; es lo que han hecho siempre. Los que sí me sorprenden son ésos de entre nosotros que hacen todo lo posible para zancadillear al Gobierno”. En las calles la gente no apunta con dedo acusador a los palestinos que lanzan cohetes contra Israel “porque todo el mundo está ocupado con sus salarios inexistentes, tratando de ahorrar dinero, atenazado por el miedo que les producen los proyectiles que dispara Israel y presa de ansiedad por el futuro”, dice M., contrario por lo demás al lanzamiento de cohetes. S., que también se opone a ellos, se queja de que la gente está atascada en una mentalidad de “reacción y venganza” que les hace dar su aprobación a los lanzamientos de cohetes.

Pero dentro de Hamas se han alzado algunas voces acusatorias que afirman que detrás de quienes lanzan los cohetes se encuentran altos funcionarios de Fatah, que estarían azuzando el lanzamiento de cohetes con la intención de aumentar el caos político y de seguridad y de crear mayor presión sobre el Gobierno y forzarlo a la dimisión. Una parte se dedica a lanzar acusaciones y la otra a refutarlas.

Un trabajador de una ONG sin vínculos con ninguno de los dos bandos afirma que, en su opinión, se trata de una acusación infundada. “El Fath oficial se opone a los lanzamientos de cohetes. Los grupos que continúan lanzándolos son los que están en la órbita de los grupos armados islámicos”, dice, citando a fuentes propias bien informadas.

Sin embargo, confirma, altos funcionarios de Fatah están ciertamente detrás de la campaña de agitación verbal que se está librando contra el nuevo Gobierno [de Hamas]. Ellos son los que alientan las quejas de que el Gobierno no paga los salarios y de que, por consiguiente, no cumple sus obligaciones, como si fuera la primera vez que un Gobierno palestino se retrasara en el pago de las nóminas, como si la responsabilidad de ese retraso fuera exclusivamente suya. También están atizando quejas de que los ministros [de Hamas] están subvencionando a asesores o altos funcionarios conocidos por su apoyo a Hamas, mientras que en el pasado la mayor parte de los funcionarios del sector público eran gente conocida por su apoyo a Fatah, y quejas de que los ministros de Hamas no son tan inteligentes y capaces como se esperaba.

En la población conviven dos puntos de vista encontrados. Están los que se quejan de que el movimiento Hamas debería haber tomado en cuenta la respuesta israelí e internacional cuando concurrió a las elecciones al Parlamento con autonomía limitada y cuando decidió formar un Gobierno limitado de antemano. En otras palabras, debería haber adoptado decisiones diferentes según su habilidad política: no formar un Gobierno o aceptar las condiciones de Abu Mazen y crear una plataforma que hiciera imposible que todo el mundo boicoteara al pueblo palestino e impusiera una nueva sanción económica y política. Cada día que pasa otro país anuncia su disposición a cancelar la ayuda económica que durante los últimos cinco años ha constituido el oxígeno de la nación palestina. El último en hacerlo, de momento, ha sido Japón. Los bancos israelíes no transfieren dinero a los bancos palestinos. El Banco Árabe no está preparado para conceder los préstamos gubernamentales. Incluso si Irán y Qatar envían dinero a la Autoridad Palestina, ¿cómo podrá llegarle? Debe pasar por el Banco Central israelí, que, por descontado, se negará a realizar la transacción.

La otra escuela de pensamiento aglutina a gente como Z., que no apoya a Hamas. Está convencido de que la presión tendrá el efecto contrario: simplemente reforzará el apoyo popular al Gobierno.

Pero todo el mundo tiene miedo de que, además del golpe a su seguridad —en la forma de proyectiles— y además del golpe económico, haya un tercer golpe, que se traducirá en la una explosión que estallará cuando las tensiones entre Hamas y Fatah aumenten más aún. Hace aproximadamente diez días militantes de Fatah bloquearon la ruta del primer ministro Ismail Haniyeh. El primer ministro optó por no armar un escándalo por ese asunto. El martes pasado, cuenta la gente de Gaza, miembros de Izzadin el-Kassam abrieron fuego contra la persona que consideraban responsable del bloqueo de la ruta de “su” primer ministro: el oficial de seguridad preventiva de Jabaliya. Cuanto más se quejan y manifiestan los miembros de Fatah y sus partidarios armados sobre el fracaso del nuevo gobierno, más obligados se sienten a defender su honor los miembros armados de Hamas.

Hay mensajes mezclados que fomentan la confusión. El Fatah oficial se opone a la escalada militar y Abu Mazen condenó de forma inequívoca el ataque realizado en Tel Aviv. Sin embargo, por su parte la Brigada de los Mártires de Al Aksa, que Abu Mazen y las fuerzas de seguridad son incapaces de controlar, condenó esa condena. Hamas todavía se aferra oficialmente a la teoría de que a la nación palestina le asiste el “derecho de autodefensa”. En una videoconferencia con funcionarios del ministerio palestino de asuntos exteriores, el ministro de asuntos exteriores palestino, Mahmoud a-Zahar, afirmó que la plataforma del nuevo gobierno permanece leal al derecho a la resistencia armada. Uno de los funcionarios en Ramalla le preguntó si eso significaba que debería salir a la calle y hacerse reventar con un cinturón de explosivos. Fue el disparo de salida de las tensas relaciones.

Por otra parte, el ministro del Interior Said Seyam mantuvo una entrevista secreta con los muktars de las familias más grandes e influyentes de Gaza. Fuentes de Fatah y Hamas afirman que les propuso que firmaran un documento solicitando el fin de los lanzamientos de cohetes desde Gaza a Israel. “Fírmelo usted”, le respondieron los muktars. “Usted es el ministro”. Pero Hamas teme hacer pública cualquier decisión que pueda ser interpretada como una retirada de la lucha armada, por miedo de que Fatah lo utilice como un arma propagandística en su contra.

Hamas está ocupado tratando de acallar falsos rumores que proliferan en las calles. Uno de ellos dice que sólo se pagaron los salarios de los partidarios de Hamas. Otro sostiene que Haniyeh participó en una opípara comida inmediatamente después de lanzar su discurso del “hisopo y aceite” hace una semana, discurso en el que afirmó que el pueblo palestino sobreviviría alimentándose con esos dos productos antes que rendirse. Igualmente, se acusa a Hamas de comportarse igual que lo hacía Fatah cuando gobernaba.

Z. está de acuerdo con Haniyeh y educa a sus hijos de esta manera: “Nací en una tienda de refugiados, estudié a la luz de una vela, crecimos comiendo hisopo y aceite y nos vestimos con la ropa que nos donaba la Agencia de la ONU para los Refugiados. Mis hijos también pueden vivir igual”. S. se ríe amargamente: “¿De qué aceite está hablando? ¿Y de qué hisopo? La gente ha descubierto lo caros que están. Un litro de aceite cuesta 20 shekels y medio kilo de hisopo siete shekels. La gente ya no habla de hisopo y aceite. Ahora comen un sustituto más barato llamado `duka’, un derivado de una especie que se conoce como zumaque”.


Texto original en: www.haaretz.com/hasen/spages/707941.html